martes, 2 de julio de 2013

Incursión (3)




Esta es otra región de la costa. Ariel camina por la orilla de la playa, envuelto en la brisa marina. No piensa en nada en particular, sino que deja que la brisa despeje su mente. Marcha paralelo a las huellas recientes de otras personas, unas huellas que siguen hasta donde puede ver, pues no es el único que encuentra en esos paseos una forma de meditación. Hay un grupo de nubes bajas, y en el muelle de pescadores, mas adelante, una pareja de adolescentes enamorados juega a determinar a qué se parecen.
Ariel va de regreso a su casa, donde entra sintiéndose renovado y se conecta a la Comunidad. Ingresa su clave y frente a la pantalla plana se presentan las imágenes y los textos habituales de un mundo donde se siente parte, sin tener que esconder nada de sí mismo. Es conocido como alguien honesto, trabajador, aparentemente rutinario. Como ocurre con el mar, bajo al superficie está lo más interesante. Tiene sus secretos, y además sabe guardar los secretos de otros, esa es una carga consecuencia de su honestidad y otros de sus valores.
Lee entre las novedades la presentación de una joven que se siente sumisa. Ojalá no sea de quienes llegan queriendo ser la protagonista de aquella olvidable trilogia, piensa. Parece una epidemia. Siente pena por los árboles que  fueron cortados para imprimir lo que cabría en un único y pésimo libro. Como si fuera una moda, de pronto habían empezado a aparecer otras novelas eróticas también con tramas de bdsm.
Ese dia, en la sala de chat, se produjo en primer contacto entre Ariel y Sofi. A él le gustó la simpatía natural que ella trasnmitia incluso por ese medio, la claridad con que sabia lo que quería y lo que no, el valor que mostraba para dar esos nuevos pasos, valor entendido como sentir inquietudes pero seguir adelante. A ella le causó una buena impresión el trato gentil de quien tenía experiencia pero no lo presumia, quien le respondia muchas preguntas y se las hacia también, procurando conocerla en vez de apresurarse a insinuar dominación. Con el paso de los dias, creció la simpatía y la confiaza entre ambos, él sabía elegir cada palabra por su carga de significado, como un canto de sirena subliminal, donde hablaba su parte dominante y seductora. Ella sabia que estaba ante la jaula de una fiera, como un felino bello pero a la vez poderoso, y si entraba y se dejaba atrapar seria dificil que quisiera volver a salir. Ese lenguaje sabia apelar a sus deseos íntimos y excitarla como lo haría una buena novela erótica.  En la sala, luego en chat privado, luego en el msn, se acercaban como en el tango, donde se abrazan, se miran, llegan a un pico de tensión sexual y la sostienen.
Las explicaciones sobre dominación y sumisión pasaron de los ejemplos a sugerencias, y de alli dieron paso al uso de imperativos, en su forma, gentiles como una invitación y en su contenido, la encrucijada entre obedecer o retirarse. Sofi lo sabia, podía retirarse, pero no era una posibilidad tan atractiva como continuar.
" Esto es lo que me complaceria mucho que hagas...", él escribia, y ella le obedecía y le escribía una de sus fantasias de sumisa, se tocaba de la manera que se le indicaba, o se abstenia de hacerlo sin permiso. Se sentó frente a la pantalla usando solo sus pendientes y el collar de perro comprado en la veterinaria.Tomó una foto de ese momento, guardándola para verse sumisa y orgullosa. No había demasiados kilómetros entre ambos. Solo que la confianza es un edicio delicado como un castillo de naipes, y vale la pena tomarse el tiempo necesario para construirlo.
Era un sábado, pero no como tantos otros. Sobre la mesa, a un lado de la pantalla, ella tenía los elementos comprados ese mismo dia: la cámara y los audífonos con microfóno. Estaba lista para avanzar otro paso en la incursión por el camino que habia elegido.  A ese ritmo tampoco faltaba mucho para otro paso más.


 

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