lunes, 9 de julio de 2012

Incursión ( 1 )






El sol extendió sus rayos progresivamente sobre Santa Marta. Las sombras se fueron acortando a medida que la costa se llenaba de colores: el azul del cielo y el mar, el verde de la vegetación, amarillo en la arena y reflejos del sol en la orilla. Los rayos de un nuevo día entraron por todas las ventanas. Cayeron como una cálida caricia sobre la piel morena de Sofi. Ella abrió sus ojos verdes y pasó una mano por su melena oscura mientras bostezaba y abria una ventana. El paisaje era atractivo de un lado o de otro del marco, pues ella era parte viva de la ciudad, una bella creación de la naturaleza. Su cuerpo sabía seguir con naturalidad el ritmo de la rumba, su sonrisa podía echar luz sobre otras almas. Amigos, conocidos o desconocidos se sentían bien en su presencia. Sin embargo, existía un vacío en la vida de Sofi, algo que le parecía tan atractivo como perturbador, que no sabía cómo llamarlo, ni conocía persona de suficiente confianza como para planteárselo.
Toda persona joven tiene sus fantasías. Las suyas eran recurrentes, con imágenes cada vez más claras como para negárselas a sí misma: Un hombre a quien obedecer, alguien que le proyecte tal confianza y seguridad que ella pudiera entregarse por completo sabiéndose en buenas manos. Que la desnude de sus temores y prejuicios, que extraiga de lo profundo de su alma los deseos que esconda hasta de sí misma y se los haga experimentar, llenándola de intensas sensaciones. A esa clase de hombre deseaba obedecerle, servirle, complacerlo. Ser su sumisa. Ese era el término que había visto en un sitio web. Un término de bdsm,mal llamado sadomasoquismo.
Sofi miró pensativa hacia el horizonte, como pidiendo un deseo. El día anterior no había sido muy positivo. Había entrado en un chat específico de esa temática. Descubrió que muchos de los que también entraban aspiraban a darle órdenes, pero ni tenían buena educación ni sabían cómo hacerlo. Unos creían que por el solo hecho de que ella fuera sumisa, debia obedecerles de inmediato, como si en la vida real una persona realmente se entregara a un desconocido. Otros escribían "busco una sumisa" o simplemente "¿alguna sumisa?", como si buscaran productos en un mercado. Otros le escribían en privado y sus primeras palabras eran "Hola perra", como si tuvieran alguna licencia para insultarla fuera de todo consenso. Era desalentador buscar una clase muy particular de amante y terminar descubriendo nuevas especies de idiotas.
No todos eran así. Algunos le preguntaban educadamente "Buen dia, ¿aceptarías conversar conmigo?", de ésas y otras personas con experiencia y educación conoció el concepto de SSC: Sano, Seguro y Consensuado. Le aseguraron que no estaba loca, como al principio Sofi temía, que sus gustos eran más comunes de la que ella misma pensaba. Cualquiera de sus amigas, vecinas, compañeras de estudios o trabajo podría estar sintiendo lo mismo que ella. Tal vez lo que más le sirvió fue la recomendación de otro sitio web más adecuado, una comunidad virtual donde, le aseguraron, sería bien recibida y comprenderían perfectamente sus fantasías. Este nuevo día parecía una buena oportunidad para explorar un nuevo mundo.


Continuará...

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