jueves, 24 de mayo de 2012

Relato: Entrega ( 3 )





Andrés

Los lazos que más fuerte atan suelen ser los que están flojos. Siempre fui fuerte, disciplinado, un buen líder. Logré cuanto se esperaba de mi e incluso superé muchas veces las metas propuestas. Me hice fuerte ante las adversidades, sin permitirme debilidades que otros pudieran notar y aprovechar. Este modelo masculino era todo lo que tenía que ser y lo que otros admiraban, respetaban y deseaban imitar.
Sin embargo, ahora caía de rodillas, sabiendo que podía pero que no quería evitarlo. No se trataba simplemente de entregarme a mi mujer, sino a los deseos que al mismo tiempo me excitaban y me preocupaban. Era como si me sintiera rodeado, observado y juzgado con muchas caras y voces del presente y el pasado. Eran las voces del "debes" y el "tienes que",  las de la tradición familiar y de la aprobación de los demás. Tan fuerte era esa presión, a veces no conscientemente advertida, que bajo la misma algunas personas se casaban con quienes no amaban, elegían carreras que no les gustaban, fingían lo que no eran, o ponían en peligro su salud procurando un cuerpo que fuera aprobado por otros. Hasta ese momento yo estaba atrapado en una prisión sin rejas, y ahora los carceleros insertados en mi mente daban sus voces de alarma para tratar de intimidarme y mantenerme dentro de ciertos parámetros. Paradójicamente, la entrega me liberaba, y como muchas cosas nuevas, me inspiraba atracción y preocupación, sólo que esta vez la atracción estaba ganando.
 Elisa bajó suavemente una de sus manos desde mi frente hasta mis labios mientras me susurraba con su sensual voz que cerrara los ojos y me quedara quieto allí. Sentí las yemas de sus dedos recorriendo mis labios. Las apartó un momento y a traerlas nuevamente noté que portaban una especial esencia: La humedad de su sexo. Ya conocía bastante bien el sabor de su excitación. Tal vez se hubiera arrodillado también, pues con una mano tomaba mi cabello por la nuca y me besaba mientras con la otra acariciaba mi miembro, y yo  sentía aumentar su volumen entre sus dedos.
Escuché sus pasos mientras se alejaba, parecía buscar algo en un par de cajones. La imaginación me sugería muchas posibilidades. Sus pasos regresaron. Su voz sonó firme, sensual y autoritaria a la vez:
-Mírame, mi sumiso.
Estaba desnuda a excepción de sus zapatos de tacón , su cinturón, su collar, sus pendientes. Retiró la cuerda que colgaba a un costado del cinturón, la que sentí  rodeando mis muñecas a mi espalda, anudándose en una correcta sujeción pero sin apretar. Mi miembro despertaba en toda su plenitud, ella podía verlo. A continuación tomó la mordaza ballgag, introdujo esa pelotita color negro en mi boca y sentí como la ajustaba en la nuca. Me ayudó a levantarme y me condujo como su prisionero hacia el dormitorio, un particular prisionero que no deseaba escapar y que enarbolaba su endurecida calentura al frente.
Me ayudó a quedar de rodillas sobre la cama mientras ella se sentaba frente a mi. Acarició sus pechos como a mi me hubiera encantado hacerlo en esos momentos. Abrió las piernas y estimuló su propio sexo mientras me miraba con una clara expresión de placer. Yo deseaba rogarle  que me permitiera besar su vulva, besar con adoración su clítoris, beber de su esencia de hembra excitada, pero no podría decir una palabra hasta que ella lo permitiera, ni tocarla ni tocarme, pues estaba claro que yo le pertenecía, y ella mantendría a pleno mi tensión sexual hasta que decidiera que ya podria correrme.
Soltó mis manos, me indicó ponerme sobre ella de tal manera que mi cara quedaba hacia sus pies y mi sexo sobre el suyo, con mis nalgas al alcance de sus manos. A ella le gustaba tocarlas, darles golpes con las manos mientras me llamaba sumiso y me animaba a penetrarla y entregarle toda mi pasión.



martes, 8 de mayo de 2012

Entrega ( 2 )






Elisa


Tal vez los momentos más difíciles sean los primeros, los momentos de la revelación. En esos momentos en que me desnudo más que nunca, pues desnudo el alma y mostrándola tal como es digo: ésta soy yo. Se lo muestro a la persona que más me importa, a quien elegí para compartir mi vida y mis sentimientos más íntimos. Podía mostrar seguridad, pero temblaba por dentro, porque no se trataba de cualquier persona con quien me diera lo mismo que me acompañe o no, que pueda pensar que estoy loca, o que no está preparado para afrontar esa circunstancia. Necesitaba ser plenamente yo, sin esconderme de mi misma ni de mi hombre, ser aceptara y acompañada en este camino de autodescubrimiento y realización mutua.
No me equivoqué con Andrés. Incluso después de ese momento tan especial, mientras dormía plácidamente a mi lado, uno de sus brazos aún estaba sobre mi, en un abrazo cálido y protector. Lo besé con ternura y cerré los ojos también mientras pensaba en los elementos que habíamos comprado juntos.  
Dias antes, estábamos sentados juntos frente a la PC, él me tomaba de la cintura pasando su brazo izquierdo  por mi espalda. El sitio web era el de un sex-shop, con una gran variedad de artículos presentados con sus fotos y sus  descripciones. Yo elegía  un elemento, luego él elegía otro, cada elección era una sorpresa , pues así era más entretenido. Cuando elegí las esposas de cuero pusimos en práctica  nuestro lenguaje de miradas. Si, me gustaría usarlas con él, y si, le resultaba inesperado, pero él me seguiría a donde yo quisiera ir. Con las siguientes elecciones sentía que incrementaba la apuesta, lo cual me inquietaba y a la vez  deseaba. Bajé la vista por un momento, con preocupación por lo que vería en sus ojos, y me encontré entonces con el abultamiento bajo su pantalón.  Sonreí aliviada y excitada: su miembro nunca miente ni oculta lo que siente.
Lo besé a mi mismo tiempo que una de mis manos se apoyaba  sobre su pantalón. Jugamos con nuestras lenguas mientras abría su cinturón y bajaba su cierre. Caímos sobre la alfombra mientras seguíamos quitándonos las ropas. Llevé sus muñecas hasta juntarlas más atrás de su cabeza. Encontré algo de resistencia al principio, pero me mantuve firme, y aunque él tuviera más fuerza, también tenía curiosidad y confianza. Lo besé en el cuello y llevé mis labios y lengua hacia su oído,  donde lo excité de tal manera que ya no podía sujetarlo,  estaba fuera de control, dispuesto a liberar toda su pasión dentro de mi,  lo cual me excitaba aún más. Me senté sobre mi brioso corcel y su miembro tan firme entré en mi ser con sensaciones que me penetraban hasta el alma. Sus manos tomaron mis pechos,  sus dedos juguetearon hábilmente con mis pezones  firmes. No sé si mis gritos habrán sido contenidos por aquellas paredes y realmente tampoco me importaba.

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Ahora habíamos dado un nuevo paso, habíamos puesto en práctica en nuestras fantasías hasta ese momento guardadas casi con preocupación. ¿Qué venía ahora? Eso me preguntaba cuando me desperté y me encontré sola. Me levanté preocupada buscando a Andrés. Lo encontré en medio de la sala de estar , en un giro inesperado que respondía mi pregunta y  habría otras. Allí estaba él, realizando uno de sus ejercicios de yoga,  parado sobre un pie,  concentrado y con los ojos entrecerrados,  completamente desnudo.
Sus músculo se notaban bien tonificados, su miembro incluso en reposo dejaría en ridículo a las esculturas griegas. Su rostro joven, atractivo y sereno, completado una imagen que me atraía de manera  irresistible. Ya empezaba a sentirme húmeda al rodearlo y observar también sus nalgas y su espalda. De nuevo frente a él, acaricié su pecho. Andrés me abrazó y me besó.
-          Te amo.- me dijo.- De manera incondicional. Dime lo que deseas y te demostraré que eres lo más importante para mí.
-          Ponte de rodillas, mi sumiso.- le dije.
Sin pensarlo dos veces, se arrodilló, tomó mis nalgas y besó mi sexo. Entonces dijo:
-¿Qué más deseas, mi Señora?


 


lunes, 7 de mayo de 2012

Libro recomendado: La diosa erótica




Título: La diosa erótica
Autora: Alessandra Rampolla

La autora no necesita presentación. En esta obra contribuye una vez más a conocer mucho mejor la sexualidad y disfrutar de la misma tras deribar mitos y prejuicios, como siempre, en su lenguaje claro y ameno.
En sus 245páginas trata una variedad de temas, como la aceptación y autoestima, las posiciones, los juguetes eróticos, la música que recomienda para crear un mejor clima, películas, masajes, etc. Cada capítulo acaba en una página de "sexy-segerencias", 42 en total, todas muy útiles. Incluye también explicaciones sobre zonas erógenas y su estimulación, intercambio erótico de poder , métodos anticopceptivos,y sexualidad en diversas edades, desde la iniciación hasta la madurez, o como la llama, "adultez candente". Aun cuando el libro tiene dedicatoria para todas las mujeres, será muy intereante y útil para hombres y mujeres que deseen vivir a pleno su intimidad.


Libnro recomendado: 101 fantasias y juegos sexuales




Título: 101 fantasías y juegos sexuales
Autora: Sofia Capablanca

Más allá de su interesante contenido, este libro es atractivo en su presentación: tapas duras, cubierta con solapas, imágenes a todo color que acompañan cada capítulo. No hace falta leerlo desde el principio siguiendo el orden habitual, pues uno puede seleccionar desde el índice el tema por donde desea empezar a leer o simplemente abrirlo al azar. Contine muy variadas ideas, algunas de las cuales son muy cononocidas y otras originales y creativas, aparte de que pueden, a su vez, inspirar otras en los lectores. En sus 192 páginas también contiene artículos sobre tantra, shiatsu, kama sutra, juguetes eróticos, afrodisíacos, una receta de cocina erótica y consejos para la realización de un streap-tease, entre otros.Es una obra recomendable para leer en pareja.

 

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