lunes, 1 de marzo de 2010

Una pasión fuera de este mundo.






Bitácora del teniente Yuri Chernenko:
Hace tres días que el transbordador dejó los suministros y partió con los americanos. Debido a los desperfectos durante el reingreso, no habrá más viajes por dos semanas. Solo quedamos en la estación espacial internacional la comandante Orlov y yo.
Sveta (como llamo afectuosamente a Svetlana) es optimista, está bien entrenada, como yo, y tiene experiencia. Veo su esbelta figura flotar de un lado a otro despreocupadamente. Su constante sonrisa le queda tan bien como sus ojos celestes y sus largos rizos flotando ingrávidos, sensuales. Al rozar nuestros cuerpos en espacios estrechos, o tocar una de sus manos para pasarle una herramienta, el tiempo parece detenerse. Nos miramos. Ella sonríe.


Bitácora de la comandante Orlov:
Yuri siempre me gustó, y ahora que estamos por fin solos…me atrae cada día más. Me gusta cómo me mira, como siento mi pulso acelerarse cuando toma una de mis manos. Ayer estuvimos haciendo los experimentos programados, y luego nos quedamos observando la tierra y las estrellas. Me abrazó. No dije nada al respecto, pero tomé una de sus manos. No se cuánto tiempo estuvimos así.


Bitácora de Yuri:
Hoy nos encontramos frente a frente cuando ella quería entrar al laboratorio y yo quería salir. Mirada con mirada, manos con manos. No quise ocultar más lo que sentía. Acerqué mis labios…y ella me correspondió con los suyos. Nos besamos apasionadamente. Fue para ambos una feliz revelación. Nuestras manos comenzaron a recorrer las formas con las que antes solo habíamos soñado. Nos acariciamos, nos tomamos, nos abrazamos. Cada uno quitó las ropas del otro, pues dentro de la estación no usamos esos incómodos trajes con casco y mochila. Trabé mis pies en dos soportes del casco y quedé de pie sin flotar. Ella, también desnuda, abrazó mi cintura con sus piernas y mi cuello con sus brazos. Sus pechos eran preciosos, grandes, firmes al tacto, con pezones que me sabían deliciosos y que yo besaba con adoración. Su rostro reflejaba e placer mientras yo entraba en ella con mi sólido vigor en toda su extensión y nos volvíamos uno. En el espacio podemos hablar, gemir, gritar, expresar lo que sintamos como queramos, pues más allá del casco de la estación, nada se escucha.


Bitácora de Sveta:
Mi Yuri es tan vigoroso como siempre lo había imaginado. También es un caballero tierno y romántico. Combinamos los momentos de pasión con los de romance, cuando me expresa sus sentimientos, me abraza, me hace sonreír, miramos juntos la tierra, y sobre todo, me hace sentir querida.
En la ingravidez de este espacio hemos probado las más diversas posiciones. Es una experiencia única que ninguna otra mujer ha vivido antes, a menos que otros colegas tengan sus secretos. No me arrepiento de haber saboteado el transbordador. Sólo fue un daño menor que no puso a nadie en peligro. Cuando volvamos a la tierra, Yuri me llevará a la cabaña cerca del lago donde pasa sus vacaciones. Estoy segura de que allá tendremos mucho más que compartir y experimentar mientras seguimos apreciando el firmamento.

jueves, 21 de enero de 2010

Autoridad






La consigna era la de sorprenderme. No podría haberla logrado mejor ni haberme hecho olvidar los asuntos de la oficina con más facilidad que cuando salió a mi encuentro casi transformada en otra persona.
-¿Algún problema, oficial?
-Eso me temo. – dijo ella. –Ponga las manos contra la pared…
-¿Por qué..?
Antes de poder completar una frase, me dio vuelta tomándome con fuerza y vi mi rostro junto a uno de los cuadros. Sentí su perfume y su voz sugestiva cuando agregaba junto a mi oído:
-…por favor. Odiaría tener que ser más agresiva…pero no mucho.
Separó mi s piernas con las suyas y se acercó de nuevo a mi oído.
- ¿Ha estado portándose mal últimamente?
- No, oficial, en absoluto.
- ¿Y por qué no?
Sin esperar respuesta, retiró mi camisa y comenzó a palparme lentamente, aun donde no fuera probable que hubiera nada oculto. Sus dedos recorrieron y acariciaron mi cabello, pasaron frente a mis labios, bajaron por el cuello hacia los hombros. Sus manos acariciaron mis brazos, mi pecho, mis abdominales. Bajaron por los lados internos y externos de las piernas. Volvieron a subir, palpando mis nalgas sin prisa, una mano entró al los blue jeans por delante y atrapó mi sexo. Abarcó la zona con lentos movimientos de los dedos abiertos, subiendo, bajando, trazando círculos. Mi sexo, ya mas suyo que mío, respondía a sus encantos, despertando hasta el punto en que reclamaría más espacio.
-Parece que tenía un arma oculta, y que está cargada. Llevó mis manos hacia atrás y me colocó las esposas. Quitó mi pantalón y me llevó hacia el centro de la sala tomándome de mi erecta y firme virilidad. Se arrodilló frente a mí, se quitó sus ropas y procedió con sus manos y labios, con exquisita pericia. Su boca y sus dedos se alternaban la tarea de desarmarme de toda resistencia a su autoridad, me llevaban al borde del éxtasis, sin dejarme alcanzarlo todavía.
Me hizo arrodillar a mí y se acomodó en un sillón.
- Por esta vez solo pasará por una “probation”. Acérquese y pruébeme, béseme.
-Estoy lejos de sus labios,oficial.
Me acarició los cabellos.
-No me refería a mi boca.
Mis labios y mi lengua tuvieron su turno de retribuir, de saborear su húmeda excitación, de besar, lamer, atrapar y soltar entre mis labios una vulva que se confesaba claramente excitada. Me liberó de las esposas y nos abrazamos mientras rodábamos sobre la alfombra.
Con una mirada fugaz observé el armario: allí estaban los disfraces de azafata, secretaria, mucama, y otros elegidos entre ambos. Ella siempre usa esos trajes con cuerpo y alma para expresarme su amor de las maneras más variadas. Es uno de los motivos por los cuales la quiero tanto.
 

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