lunes, 18 de mayo de 2009

Ars nova


Cada tarde lo dibujaba tal como lucía en el estudio, a la vista de todas, con ese cuerpo bien trabajado, con esa semi-oculta virilidad que despertaba mis apetitos más inconfesables. Cada noche lo recreaba en mis sueños, rompiendo la distancia que lo separaba de mi sexo húmedo y solitario. Allí, en mis sueños, no había compañeras ni ex esposo, solo él y yo.
Soñaba más y más con romper su indiferencia de modelo, hacer que me vea como mujer y amante, deseable e irresistible, que mi piel sea su tela y mi cuerpo el destino de sus artes amatorias. Así fue como decidí llamar a una compañera, y otra, y otra más. Les informé que él no podría asistir, según me había dicho en su llamada, y que transmitan a las demás la novedad y sus disculpas.
Él llegó temprano, y teniéndolo para mi sola, pensaba aprovechar cada minuto antes de que comenzara a hacer preguntas. Se sentó sobre un banco y se inclinó hacia mí. Sus ojos examinaron mi cuerpo sin prisa ni disimulo. Sonrió y se quitó la camiseta, dejando expuesto su pecho varonil. Abrió el botón de su pantalón, sin bajar el cierre. Por debajo se notaba un tesoro que aún oculto ya lucía prometedor.
-¡Paula! – me llamó.- Ven aquí.
Me sentó sobre él y me rodeó con su abrazo.
-Tengo un par de cosas que decirte. La primera…- susurró a mi oído-…es que he soñado contigo, y quiero hacer mi sueño realidad.
Levantándome por un momento, abrió su bolso con la lentitud y sensualidad con la que luego bajaría su cierre. Sacó del mismo las pinturas específicas para body-painting.
-Ábrelas. –me dijo.
Comenzó a quitar mis ropas y las suyas mientras yo convertía mis dedos en pinceles. Tras hacer él lo mismo, nuestro abrazo trazó las primeras líneas. El ilustró mis nalgas, mis muslos, mis pechos….la periferia de mi sexo y mi vientre con diestras caricias coloridas. Yo improvisé mi arte sobre su pecho, sus abdominales, su erguida lanza, que pronto ofrecía más y más espacio para la pintura de guerra. Al hacerme suya, practicamos varias artes a la vez sobre la tarima del estudio, un espectáculo de posiciones y movimientos que sería estremecedor, incluso contagioso, de no ser tan íntimo e irrepetible.
No sé cuánto tiempo permanecimos abrazados tras alcanzar el clímax, comunicándonos solo con nuestros besos. Con una sonrisa me recordó que tenía otra cosa que decirme.
-Me llamó una de tus compañeras. Le confirmé que hoy no podía venir, como “te había informado”. Supe entonces que el momento de la pintura había llegado. ¿Quieres saber qué otra cosa he soñado?
Mi respuesta no se hizo esperar. Esta noche lo sabré. Solo resta caminar unos pasos más, llamar a su apartamento, anunciarme como su modelo. Esta parece una noche ideal para hacer los sueños realidad.


Jorge Fénix
 

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