viernes, 27 de marzo de 2009

Nota íntima




Mi amor: cuando pienso en ti toda mi existencia adquiere propósito. Los desafíos cotidianos parecen más simples. Siento la corriente de energía que me hace consciente de cada parte de mi cuerpo, la vida misma sentida plenamente.
Me encanta tu manera de quererme, de besarme como nadie lo haya hecho, de ser muchas mujeres en una, muchos roles que coinciden en la voluntad de complacerme. Tus dedos abriendo mi camisa son un equipo de sensuales artistas. Tus uñas se deslizan sobre mi piel como siguiendo los meridianos de energía con milenaria sabiduría. Abres mi cinturón, mi cierre, y la puerta al placer maravillosamente. No sé qué le susurras a mi viril amigo antes de besarlo, tan bajito que yo no lo oigo, pero él si te oye y despierta en toda su extensión.
Amo nuestro lenguaje de monosílabos y exclamaciones, tus apasionadas cabalgatas sobre éste, tu fiel corcel, tu piel contra la mía en las más variadas posturas. Como puedes ver, he preparado nuestro cuarto con todos los detalles: los colores, la iluminación, la rosa junto a esta carta. Cada pista que te dejé desde la entrada te condujo hasta aquí mientras yo esperaba en silencio.
Como ya habrás notado en el espejo, te observo ahora desde la puerta. No te voltees aún. Cuando llegues a estas últimas líneas, me sentirás entrando a la habitación. Mi loción llegará a ti un segundo antes que mis manos. Besaré tu cuello, te abrazaré desde atrás, comenzaré a retirar tu ropa. Mi cuerpo ya viene al encuentro con el tuyo.

Tigris

sábado, 14 de marzo de 2009

Amante a la antigua


No hay que subestimar los filmes en blanco y negro. Se filmaron grandes obras de arte con solo dos colores y sin efectos especiales ni coreografía de artes marciales. Los caballeros miraban a los ojos, con una mirada imposible de ignorar, abrazaban con pasión, besaban como para dar clases de artes amatorias.

Yo no conocí a mi pareja pasando horas en un chat, pues nadie que valga la pena conocer se encuentra allí, entre pervertidos, idiotas y vagos aburridos. No mando mensajes de texto diciendo “t kiero” o “I lv 2”, porque lo digo mirando a los ojos y lo sello con un beso. Como decía, la conocí de a poco, con cada día de clase, con el efecto acumulativo de saludos, miradas, la esencia de su perfume, el encanto de su voz, su etilo personal de ser y de vestir.

Me acerqué mientras una parte mía temblaba y quería huir. Era más fuerte el amor que el temor al rechazo. Además, si se siente la adrenalina fluir y el corazón latiendo, es por estar plenamente vivo, sin encerrarse tras murallas de soledad demasiado seguras. Me acerqué cada vez más a su vida, a su tiempo libre, a sus sentimientos, en un proceso de mutua influencia que desnudó nuestras almas. Eventualmente llegamos a crear la confianza y el ambiente propicio para nuestra intimidad, esa noche daríamos el primer paso hacia ese terreno en común, solo nuestro.

Aquella noche practicamos el inglés con un tema que yo mismo había elegido: escenas de cine. El libro que compré tenía las fotos de los amantes, muchas en blanco y negro; y los diálogos en su idioma original y su traducción. Puse la música del filme Robin Hood: “Todo lo que hago lo hago por ti”. Tomé una de sus manos. Ella Sonrió. Pasó de la sorpresa y la ternura a una actitud seductora que se sumó a la mía.

“Vivamos nuestra propia historia de amor”- le dije- “seamos directores y protagonistas”. La besé. Me miró mientras sus brazos rodeaban mi cuello con cariño. “vamos a tener que repetir la escena”- dijo-“hace falta más acción”. Me levanté y mis manos la trajeron hacia mí. Nos desnudamos uno al otro entre beso y beso. Yo tomé suavemente su cabello y la besé en sus labios, su cuello, un oído. La otra mano bajaba explorando su piel hasta tomar una de sus nalgas, sentir su consistencia, avivar aun más su excitación. Ella de apoderó de mi ya firme y robusto miembro viril, lo sintió fortalecerse y elevarse aun más entre sus dedos, los cuales subían y bajaban a lo largo del mismo. Su mirada me proyectaba la excitación que ella sentía. Del volcán entre sus piernas manaba el fluido resultante de su ardiente deseo. Su fuego y el mío estaban totalmente encendidos. La amé sobre la mesa, dejando caer libros, sintiendo otros en la espalda. Practicamos variadas posturas del amor, vimos nacer nuevas expresiones en el lenguaje de la pasión. Ardimos, cabalgamos, volamos juntos. Inauguramos nuestro nuevo y personal espacio: el de nuestra intimidad.

Una vez calmada la pasión, solo temporalmente, nos unimos en un tierno beso como en las películas, solo que este no marcaba el final de una historia, sino apenas su principio.


Jorge Fénix


 

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